martes, 27 de febrero de 2007

OBESIDAD




Existen muchas formas de plantearse el problema de la obesidad en los menores, un problema en creciente aumento en los últimos años que esta llegando ya a unas cifras altamente preocupantes en los países desarrollados. Por poner un par de ejemplos en el Reino Unido ya son obesos el 13,4% de la población menor de 10 años y ya ha llegado al 16% de niños en países con tradiciones alimenticias a priori sanas, como es el nuestro.
El caso de CONNOR, un niño londinense de 8 años que pesa ya 90 kg. es un claro ejemplo de la cantidad de factores que intervienen en este problema, que va mas allá de la no proliferación de menús Súper gigantes en grandes cadenas de alimentación rápida.
En este niño no solo confluyen los malos hábitos alimenticios adquiridos por occidente y los iconos positivos que nos venden a diario relacionados con estos hábitos, sino una situación familiar determinada y una creencia cada vez mas común en los padres de que los niños son mas felices mientras menos control tienen sobre lo que juegan, aprenden o comen. Si ya es un error el muy común uso de recompensas y premios ligadas a permitir comer a los niños todo tipo de porquerías, ya no digamos el miedo infundado de que el niño va a ser un infeliz por no comer todo aquello que se le antoje. En este caso en particular, este niño ha llegado a comer de forma habitual una bolsa de “snacks” cada 20 minutos y 4 bolsas de paratas diarias, porque su madre a sido incapaz de negarle nada desde que ya siendo un bebe, el niño se tomaba 1 biberón cada hora por que si no, no paraba de llorar. Con el tiempo esto lo ha cambiado por kilos de patatas fritas, hamburguesas, bollos, chocolates, refrescos y todo esto con el inestimable hábito de no moverse de delante del ordenador y de aborrecer cualquier tipo de fruta y verdura.
Si no somos los padres, los primeros involucrados en la administración de hábitos alimenticios y físicos a nuestros hijos, primero que nada, reeducándonos a la comprensión de que la salud y la felicidad no esta ligada a la abundancia. De que los niños son seres en constante evolución que serán y adquirirán los valores que nosotros, sus padres, les consigamos hacer comprender. Y que si nosotros no somos los primeros en adquirir una buena educación referente a nuestros hábitos, pasando por asumir la alimentación como una necesidad física, que aunque también se asuma como acto social y de disfrute, de ella depende nuestra salud, calidad de vida y felicidad… y la de nuestros hijos ahora y en el futuro.

Etiquetas: